El aprendizaje de un ser vivo se demuestra cuando cambia su comportamiento frente a estímulos del entorno. Más allá del paradigma mecánico, las organizaciones pueden ser vistas como redes de conversaciones, como culturas, como organismos vivos. Para que las organizaciones aprendan a ser más sostenibles en su entorno, necesitan transformar sus conductas, y para ello, es necesario transformar sus modelos mentales, sus conversaciones, su cultura, su liderazgo. De alguna manera, todo proceso de aprendizaje experiencial, implica una transformación. La neurociencia nos muestra cómo nuestro cerebro se transforma en la deriva ontogénica del ser, hacer y aprender.

Para convocar, generar y sostener procesos de aprendizaje y transformación organizacional se requiere:

  • compromiso y ejemplo de la alta gerencia
  • liderazgo auténtico y valiente
  • espacios de conversación auténtica (práctica del círculo, check-in, chek-out)
  • cultivar comunidades de práctica donde emergen los nuevos sistemas de influencia (Margaret Wheatley)
  • eliminar las barreras a la auto-organización (Dee Hock)
  • escuchar amorosamente   (Humberto Maturana)
  • ampliar nuestros modelos mentales (Peter Senge)
  • conversaciones que desplacen el observador  (Rafael Echevarría)
  • suspender los juicios, superar el cinismo, enfrentar el miedo (Otto Scharmer)

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